La pareja cenaba junto a sus tres hijos cuando cuatro asaltantes irrumpieron armados en la vivienda y los encerraron en una habitación para saquear la casa. Uno de los acusados recibió 4 años y 8 meses de prisión y el otro, 3 años y 10 meses.
La rutina de la noche parecía una más en la casa de Racedo al 4700, en el barrio Alfar. Sobre la mesa todavía estaban los platos de la cena familiar y los tres chicos permanecían junto a sus padres dentro de la vivienda, ajenos a lo que ocurriría minutos después. Afuera ya casi no había movimiento y el silencio típico de la noche dominaba la cuadra.
Eran cerca de las 22.50 del 24 de enero de 2025 cuando todo cambió de golpe: cuatro hombres armados irrumpieron por una puerta ventana y entraron directamente a la casa. Los delincuentes exhibieron armas de fuego, lanzaron amenazas y obligaron a la pareja y a sus hijos menores a encerrarse en la habitación matrimonial mientras comenzaba el saqueo.
Uno de los asaltantes permaneció junto a las víctimas para vigilarlas. Los otros recorrieron cada ambiente de la vivienda en busca de dinero y objetos de valor. Revisaron cajones, abrieron bolsos, revolvieron muebles y desordenaron por completo la casa.
Durante casi veinte minutos juntaron todo lo que pudieron: teléfonos celulares, una computadora Lenovo, un televisor Smart de 42 pulgadas, una bicicleta rodado 29, dinero en efectivo, documentación personal, una guitarra eléctrica marca Epiphone, un smartwatch Garmin y ropa deportiva, entre otros objetos. Cuando escaparon, dejaron detrás una escena de desorden absoluto y una familia marcada por el miedo.
Ahora, más de un año después de aquel violento asalto, la Justicia condenó a dos de los integrantes de la banda en un juicio abreviado. El principal imputado, Maximiliano Martínez, recibió una pena de 4 años y 8 meses de prisión, mientras que José Alberto Paz Maltes fue condenado a 3 años y 10 meses. Ambos fueron declarados reincidentes.
La investigación avanzó a partir de una serie de elementos que terminaron por complicar a los acusados. Las víctimas entregaron a la policía las imágenes captadas por las cámaras de seguridad instaladas dentro de la vivienda. Allí podía observarse parte del accionar de los ladrones mientras recorrían la propiedad.
Poco después del robo, efectivos policiales detectaron el automóvil utilizado para la fuga: un Chevrolet Onix robado que circulaba con una patente adulterada y que tenía pedido de secuestro activo desde días antes.
Tras una persecución, el vehículo apareció abandonado en la zona de Lanzilota e Isla de los Estados. En su interior había varios de los elementos sustraídos y también documentación perteneciente a Paz Maltes, hallazgo que terminó por ubicarlo en el centro de la investigación.
La causa sumó además otro elemento clave: el análisis del teléfono celular secuestrado durante los allanamientos. Según la sentencia, en conversaciones de WhatsApp el propio Paz Maltes reconocía haber participado del robo y lamentaba que las cámaras de seguridad de la vivienda lo hubieran filmado.
Martínez también quedó comprometido por distintos registros audiovisuales y por prendas de vestir halladas en su domicilio, similares a las que utilizó uno de los asaltantes durante el hecho. Sin embargo, el expediente judicial no se limitó únicamente al robo cometido en Alfar.
La Justicia también condenó a Martínez por otros dos delitos. Uno de ellos correspondió al hallazgo de elementos robados a la empresa de alarmas Verisure que ocultaba en su vivienda. El restante fue otro robo ocurrido el 7 de abril de 2025 en el Bosque Peralta Ramos.
En ese caso, dos delincuentes rompieron el alambrado perimetral y forzaron una puerta ventana para entrar a una casa ubicada en la zona de Las Margaritas y Los Tehuelches. Del lugar sustrajeron notebooks, tablets, teléfonos celulares, herramientas y prendas de vestir.
Las cámaras de seguridad volvieron a ser determinantes. Las imágenes permitieron identificar a Martínez dentro de la propiedad y durante los allanamientos posteriores aparecieron objetos robados que luego reconoció la víctima.
El fallo judicial valoró especialmente la nocturnidad del asalto cometido en Alfar, al considerar que esa circunstancia facilitó el accionar de la banda y aumentó la vulnerabilidad de la familia atacada.
Además, el juez remarcó los antecedentes penales de ambos condenados. Martínez ya había recibido en 2020 una pena única de once años de prisión, mientras que Paz Maltes registraba una condena previa de catorce años y dos meses de cárcel, motivo por el cual fue declarado reincidente por segunda vez.